
La Dama de los Manteles nació de dos amores que me acompañan desde siempre, las telas y la mesa.
Crecí a los pies de la máquina de coser de mi abuela, juntando retazos, cosiendo botones y jugando con hilachas.
Con los años decidí convertir las telas en objetos que forman parte de la vida cotidiana.
Pero lo que realmente da sentido a este trabajo sucede alrededor de la mesa. Ahí se reúne mi familia, se celebran los cumpleaños, se alargan las charlas y se construyen los recuerdos que me acompañan en la vida.
Un mantel nunca es solo un mantel. Entre sus pliegues, el tiempo va dejando su memoria.
Hoy somos Rosario y Rafael. Madre e hijo. Y esta es la historia que elegimos seguir cosiendo.
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